Promociones


CARPETA Nº 62:

CRISIS Y REINVENCIÓN DE LA CIUDAD CONTEMPORÁNEA

¿Quién puede hablar sobre la ciudad? ¿Los arquitectos, los urbanistas, los expertos? Encontramos reflexiones de todos ellos en este número de Archipiélago, pero no desde el punto de vista del especialista que se arroga el derecho exclusivo a pensar, criticar o proponer. ¿Qué es la ciudad sin la gente que la habita y reinventa cada día? Todos los textos que el lector tiene ahora mismo en sus manos son reflexiones políticas en el sentido más hondo del término: sobre la gestión común de lo común.

Hoy en día, numerosas revistas y espacios de pensamiento abren sus páginas al análisis de la ciudad contemporánea. ¿Qué puede encontrarse exactamente el lector en este número de Archipiélago, pues? En primer lugar, una hipótesis de partida, auténtica banalidad básica que se olvida una y otra vez: el espacio urbano no es algo esencialmente instrumental, funcional, dispuesto para la reproducción de necesidades humanas básicas o para una circulación óptima. Las formas de disposición del espacio urbano expresan o materializan las tendencias generales de la sociedad que lo habita.

Esta perspectiva que contiene los artículos que presentamos en este número permite una verdadera crítica de la geografía política (como podríamos decir modificando el subtítulo de la famosa obra de Marx), esto es, una consideración del espacio urbano no como algo neutral o inocente, sino como base y expresión de proyectos de vida, y escenario del conflicto entre proyectos opuestos. Incluso las calles de las sociedades que han depurado mejor su función simbólica y han sometido mejor el espacio a las exigencias de la pura instrumentalidad (esto es, en cierto sentido, nuestras sociedades) son simbólicas en el sentido siguiente: expresan y materializan el dominio de la economía sobre todos los demás aspectos de lo social.

Por tanto, los presupuestos de las páginas que siguen están recogidos en el título, “Crisis y reinvención de la ciudad contemporánea”:

Crisis , porque en los últimos treinta años el mundo ha sufrido una “gran transformación”, por retomar la expresión popularizada por Karl Polanyi. Globalización, postfordismo, neoliberalismo... varios conceptos intentan aferrar las dimensiones de una gigantesca mutación productiva, cultural, social y antropológica basada en la incorporación masiva de las más sofisticadas tecnologías informáticas y comunicativas, en la descentralización productiva y la empresa en red, en la reestructuración del mercado de trabajo hacia la flexibilidad y la precarización de la existencia entera, en la expansión incontrolada de los mercados financieros, etc. Por supuesto, las mismas ciudades se han transformado, “a la increíble velocidad de las catástrofes”. No sólo se han hecho más grandes, sino que al crecer se han vuelto mucho más complejas y heterogéneas: en ellas se mezclan, como si de palimpsestos se trataran, procesos de “rehabilitación” que liquidan los viejos barrios de autoconstrucción y las formas de socialidad tejidas en ellos, líneas de extensión acelerada de la ciudad completamente fuera de cualquier “planificación racional”, circuitos empresariales y tecnológicos de innovación, auténticas islas de hormigón, espacios de producción de servicios y bienes culturales competitivos, nuevos procesos de segregación, formas de reapropiación del espacio urbano como los centros sociales, las comunidades migrantes, las subculturas urbanas, etc. Los discursos que se limitan a mezclar sin mucho ton ni son un poco de Simmel por aquí, un poco de Benjamin por allá, algo de los situacionistas y una pizca de Marc Augé son inútiles y fastidiosos. La reflexión sobre la ciudad tiene que medirse con todos esos procesos reales, aunque los procesos de especulación inmobiliaria no son objetos de pensamiento que permitan tanta especulación literaria como otros.

Reinvención , porque si la ciudad no fuera un espacio de conflicto permanente, de emergencias, desplazamientos y multiplicación de las formas de vida, los ricos habrían vivido siempre tranquilamente junto a los ricos y los pobres simplemente se hubieran apelmazado unos junto a otros sin rechistar en una monótona reproducción del lazo social sojuzgado. De hecho, sólo atendiendo a cómo reinventan la ciudad quienes la habitan diariamente, podemos entender por ejemplo la increíble transformación del espacio urbano en las últimas décadas: de la ciudad-fordista, troquelada en el molde vivienda-fábrica, a la metrópolis, organizada más bien como las manchas sobre la piel de un leopardo, trama compleja de procesos de cooperación y conflicto entre una multiplicidad de agentes sociales. Pero la mirada oficial considera “mero ruido” todo lo que viene desde abajo: simples interferencias en la imposible tarea de matematizar la ciudad (muchas veces, para gobernar mejor los comportamientos de sus gentes). Por el contrario, Archipiélago abre también los ojos y los oídos a estas fugas, resistencias, gestos de desafío y formas alternativas de habitar la ciudad y rehacer el lazo social.

 

Área Ciega

(coordinador de esta monografía)

 

* “Área ciega” es un colectivo madrileño, vinculado al centro de cultura contemporánea Arteleku (San Sebastián), que registra, investiga y mapea la generación de espacios públicos y de resistencia en las metrópolis contemporáneas. Correo electrónico: areaciega@sindominio.net

 

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