Promociones


CARPETA Nº 63:

CLAUDIO RODRÍGUEZ: PULSO Y REVELACIÓN DEL VERSO

Todo homenaje corre el peligro de desactivar y domesticar un don que había surgido porque sí, como un milagro. Implica necesariamente una glorificación del artista y —queramos o no— vale más para la persona, para la afirmación del Nombre Propio del Poeta y su consolidación en el Olimpo de la Cultura, que para la poesía, para el más y mejor uso de sus versos. El signo de nuestro tiempo, del Régimen del individualismo democrático, el que actualmente padecemos, es el del culto al Autor: el poeta se come a la poesía, la firma se traga al cuadro... Quizá se gane en información, en el número de lectores avisados, pero éstos serían —en su mayoría— lectores, diríamos, casi por prescripción facultativa, por administración.

Una vez conscientes de este irresoluble conflicto, sin embargo, nos hemos aprestado —aunque no sin dudas— a confiar en la singular fuerza de esta obra. Una fuerza que, como en el caso de Claudio Rodríguez, la guarda de la asimilación por la Cultura. También nos basamos en el carácter ambiguo de esta revista, que no es declaradamente ni literaria ni académica. Así, con estos atenuantes, confiamos en que la obra salga indemne de este pequeño homenaje que aquí le ofrecemos y que un poco más de ruido literario no nos desvíe de las muchas nueces de estos versos, que el coro de los grillos que cantan a la luna no nos distraiga de oír unas pocas palabras verdaderas , una voz poética que pone en entredicho la cortedad de nuestra mirada hacia el mundo, que se abre a las infinitas posibilidades, al descubrimiento de lo desconocido y a la vez mantiene vivo el misterio.

Hemos tratado de suavizar los riesgos e indagar en la poesía de Claudio Rodríguez a través no sólo de críticos y analistas literarios, sino de otros poetas que de alguna manera sentimos próximos a su obra. Hemos ido pues alternando investigadores literarios y poetas, para así, desde los diversos modos de sentir los versos, dar cuenta de una obra que a pesar de su reducida extensión es verdaderamente inabarcable.

Hemos querido encabezar la “Carpeta” con las propias palabras de Claudio Rodríguez a modo de una presentación de su poética. Sigue Francisco Brines, poeta y amigo de Claudio, con unos emocionados recuerdos; Antonio Gamoneda, poeta, nos ofrece unas finas reflexiones acerca de poesía y desconocimiento, tema clave que —entre otros— también abordan en sus textos otros dos poetas: Isabel Escudero y Carlos Marzal. Asimismo Vicente Gallego y Miguel Ángel Velasco, poetas, nos dan muestras de sus afinidades con la ebriedad claudiana. Y precisamente de las influencias que para Marzal, Gallego y Velasco (por citar tan sólo a tres poetas relevantes del momento) ha tenido la poesía de Claudio Rodríguez trata el texto de Agustín Pérez Leal, profesor de literatura, crítico literario y poeta él mismo. No podía faltar en este homenaje un enjundioso análisis de Luis García Jambrina, que ha demostrado en tantos estudios la seriedad y precisión de su mirada sobre la obra de Claudio y a quien agradecemos su asesoramiento en la preparación de esta Carpeta. Otro especialista en Claudio Rodríguez, Fernando Yubero, nos ofrece un interesante y detenido estudio simbólico de la obra. Ángel L. Prieto de Paula, crítico literario y reconocido investigador desde antaño en la obra claudiana, nos proporciona en su texto un esclarecedor recorrido por esas “lecciones del buen mirar”. Luis Ramos de la Torre analiza con claridad el importante capítulo de las relaciones de Claudio Rodríguez con la niñez y lo popular. El profesor de literatura, y también poeta, Luis Díez, hace un recorrido exhaustivo y comparativo de los diferentes libros que forman la obra poética de Claudio Rodríguez. Colabora también Antonio Domínguez Rey, profesor de filología y poeta, gran estudioso de la obra claudiana. Una mirada desde la pintura se ofrece con el texto de José Mª de Luelmo y José Saborit y acerca de las relaciones entre Claudio Rodríguez y la luz. Concluimos con una emotiva conversación con Clara Miranda, esposa y viuda del poeta, y un Vía Crucis zamorano en el que la Estación “Jesús condenado a muerte” es celebrada por Claudio Rodríguez y la segunda Estación, “Jesús con la cruz a cuestas”, por Agustín García Calvo, una exhortación tanto a Cristo como al poeta de que tiren su cruz y se liberen.

 

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