Promociones


CARPETA Nº 64:

EL APARTHEID FARMACÉUTICO: EL ACCESO DESIGUAL A LA SALUD

Si el derecho a la vida es considerado un bien fundamental, el derecho a conservarla, protegerla y sanarla, en caso de que se debilite o trastorne, es un mero corolario lógico. No hay derecho a la vida sin la posibilidad cierta de poder contar con los remedios, medicamentos o antídotos que la rehabiliten y la sostengan cuando sea necesario. Una simple lectura de las estadísticas nos dice, sin embargo, que uno de cada tres habitantes del planeta no tiene acceso a medicamentos regularmente y que las tres cuartas partes de la población más necesitada vive en países en vías de desarrollo en los que sólo se consume el 8% de las ventas mundiales de productos farmacéuticos. En estas circunstancias, parece que el derecho a la vida y su inferencia lógica son meras entelequias inconsistentes y deleznables.

¿Qué ocurre cuando se anteponen ciertas prioridades de orden comercial al derecho a la vida y se amparan tras el escudo servicial de las legislaciones de la propiedad intelectual? Sucede que el derecho primordial y, por tanto, antecedente —el de la vida y su sostenimiento—debe plegarse a uno secundario y accesorio, el de las patentes del comercio internacional, que, al fijar la irreproducibilidad de un procedimiento o una fórmula vinculándolo a un solo propietario, impide que se convierta en patrimonio intelectual común y libremente accesible estableciendo una situación de monopolio de hecho, de explotación unilateral, que limita drásticamente el acceso a los medicamentos necesarios al elevar extraordinariamente sus precios y al fijar líneas de investigación, producción y comercialización centradas exclusivamente en enfermedades rentables. La salud, en estas condiciones, de derecho fundamental pasa a ser extensión del mercado, de prerrogativa primordial a secuela de intereses comerciales.

Caben, con todos los matices y ramificaciones posibles, dos vías de trabajo futuro: la limitación del derecho de patentes y la reorientación de la industria farmacéutica hacia espacios de colaboración más amplios; la elaboración y puesta en práctica de estrategias imaginativas para fomentar el acceso universal a un bien público de primer orden a través, previsiblemente, de impuestos específicos —sobre las ventas de la industria farmacéutica, a la manera de una tasa Tobin para la salud, o sobre el tabaco y su consumo, penalización limitada que puede favorecer a una gran mayoría— que financien organismos públicos independientes e internacionales de investigación para el acceso mundial a las medicinas.

En este número Archipiélago explora en profundidad, con la colaboración de los más importantes especialistas en la materia en todo el mundo, todas las dimensiones del problema, desde los trabajos más genéricos, que proporcionan una visión global de la cuestión, como el de Bernard Pécoul, pasando por los estrictamente jurídicos, como en los artículos de Gonzalo Fanjul, Germán Velásquez o Nathan Ford, hasta los dedicados a reflexionar sobre estrategias de precios sostenibles, como el de Carmen Pérez-Casas, los que analizan las incorrecciones o excesos cometidos por la industria farmacéutica, como el de Kurt Langbein y Bert Ehgartner y el de Miguel Jara, los que retratan la angustiosa situación de los que padecen enfermedades olvidadas, como el de Alimuddin Zumla, o los que aportan una batería de posibles soluciones y remedios a ese injusto e inmoral estado de la cuestión, como en el artículo de Philippe Pignarre.

Cuídense y robustezcan su salud leyendo este número de Archipiélago.

 

TOMÁS SEGOVIA: UN POETA CONTRA EL CAPITALISMO

Poeta, traductor, profesor, intelectual crítico insobornable, Tomás Segovia es entrevistado por Eduardo Vázquez para poner al descubierto las contradicciones de nuestro sistema político y sobre todo económico, sistema basado en la merma objetiva de una de las capacidades humanas más imprescindibles, la del amor o el querer, capacidad que, al contrario que el comportamiento radicalmente egoísta, excluyente y monopolizador que fomenta el capitalismo, tanto en actitudes como en principios y comportamientos, es inclusiva y comprehensiva, generosa. Dos formas por tanto de avidez: una cercana a la avaricia y el egocentrismo, otra hermana de la prodigalidad y la abundancia. Sería quizás demasiado vago o impreciso decir que en esta entrevista no se desvela nada nuevo al lector de Tomás Segovia, pero no deja de ser cierto que buena parte de su poesía es precisamente eso, un esfuerzo por compartir las zonas más íntimas de la experiencia humana —las amorosas, cómo no, pero también las políticas, o las dedicadas a la indagación lingüística— y, con ello, por enriquecer a sus lectores.

 

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