Promociones


CARPETA Nº 66:

CRISIS DE LA HETEROSEXUALIDAD Y REINVENCIÓN DE LA CONDICIÓN HUMANA

Es casi banal decir que no ha existido ni existe una sola modalidad de familia, o de pareja, o de agrupación humana indispensable para la procreación biológica y la reproducción social. Es casi fútil decir que el matrimonio por amor, la formación de una familia exclusivamente por lo que pensamos que significa el amor, es algo reciente —aun cuando en su envés esconda que uno suele amar en el otro su propio destino y elije parejas que le permitan reproducir su condición. La lectura de cualquiera de los clásicos de la literatura especializada, como la Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia, de Lévi-Strauss, nos alejaría de cualquier forma de reduccionismo androcéntrico y familiocéntrico y nos permitiría comprender que sólo un empeño terco, homófobo y conservador puede pretender reducir esa multiplicidad a una unidad convertida en fundamento santo y consagrado de la sociedad. En este número de Archipiélago pretendemos explorar cuáles son los fundamentos androcéntricos de nuestro pensamiento y cómo nos impiden concebir otras alternativas y configuraciones, incluso a las mujeres (Pierre Bourdieu); queremos conocer la génesis histórica de los conceptos de género y sexualidad, comprender cómo las relaciones entre sexo (macho y hembra) y género son siempre indirectas y están medidas por la cultura (Óscar Guasch); pretendemos entender de qué forma se construyó a contracorriente la identidad gay y cómo va siendo necesario abandonar ciertas uniformidades para dar cabida a su propia heterogeneidad interna (Alberto Mira); queremos hacer notar que la familia nuclear y monógama es la excepción y que el amor y sus posibilidades deben adaptarse siempre al caos imperante (Ulrich Beck); pretendemos conocer cómo son las nuevas familias con padres homosexuales que retan al orden tradicional (Anne Cadoret); tratamos de explorar cómo el androcentrismo estricto de la mitología judeocristiana había excluido la posibilidad misma de la diferencia, y cómo las nuevas teologías se preocupan por derrocar ese fundamento homófobo (Elizabeth Stuart); indagamos, también, cómo los avances sociales en materia homosexual deben a la literatura de ficción gran parte del impulso imaginativo que los ha hecho posibles (Alfredo Martínez) y queremos rastrear, finalmente, cómo la pujanza de la identidad gay y lesbiana genera su propio universo semántico, inventa nuevos términos e invierte el significado de otros preexistentes (Ferran Pereda).

Pierre Bourdieu escribió en La dominación masculina: “Sólo una acción colectiva que busque organizar una lucha simbólica capaz de cuestionar prácticamente todos los presupuestos tácitos de la visión falonarcisista del mundo puede determinar la ruptura del pacto casi inmediato entre las estructuras incorporadas y las estructuras objetivadas que constituye la condición de una verdadera conversión colectiva de las estructuras mentales, no sólo entre los miembros del sexo dominado sino también entre los miembros del sexo dominante, que no pueden contribuir a la liberación más que liberándose de la trampa de sus propios privilegios”, y a eso mismo pretende contribuir este número de Archipiélago.

A PROPÓSITO
¿SÍ, QUIERO? DESHOJANDO LA MARGARITA DEL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Aunque André Gide escribiera que la familia es el infierno, ésa es en todo caso una experiencia personal que cada uno valorará o cualificará como crea conveniente y a la que cada cual debe aspirar en absoluta igualdad de derechos y obligaciones. El matrimonio, si lo separamos de su estrecha y maniquea definición judeocristiana, es en todo caso un derecho de libre ejercicio y la expresión de un deseo y una convicción personales. Cabe, por tanto, respaldar antropológicamente su legitimidad; cabe, sin embargo, rechazar su denominación por razones etimológicas; cabe despreciarlo porque no deja de ser una institución añeja que no goza de muy buena salud; cabe celebrarlo, finalmente, como extensión de la normalidad. Los cuatro artículos que componen esta sección se han concebido como una especie de reflexión epistolar e intercambio de ideas entre cuatro personas que, aun sosteniendo la misma convicción fundamental en la equivalencia de derechos y obligaciones civiles entre todos los ciudadanos de una sociedad democrática, matizan el interés, alcance y significado de la institución del matrimonio.

 

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