Promociones


CARPETA Nº 69:

AUTOBIOGRAFÍA COMO PROVOCACIÓN

La escritura autobiográfica genera un espacio dinámico de debate intelectual y de reflexión teórica central en la cultura contemporánea. Actúa como un imán. Es difícil ignorar sus provocaciones. Su presencia desestabiliza el sistema literario y desajusta las clasificaciones genéricas. En la prensa, en los premios oficiales, en los manuales no se sabe dónde colocarla y así se la inscribe, a veces, en el apartado de “Narrativa”, otras en el de “Novela”, otras incluso en el de “Ensayo”. Por otra parte, la autobiografía desborda los límites convencionales de la Literatura al tratarse de una práctica de escritura al alcance de la gente corriente que quiere contar su vida, dejar huella de su historia particular, sobrevivirse. Espejo, máscara, búsqueda, deseo, ausencia...: metáforas habituales de un discurso necesario para dar forma al sujeto, no al universal —masculino— sino al sujeto en su diversidad sexuada, lingüística, temporal y social, en su identidad descentrada, múltiple e indeterminada. La autobiografía ha ido creando una nueva estética. Un arte de decir la propia vida, la memoria, la intimidad. Por eso la autobiografía nunca se rinde a una única perspectiva crítica, ni se reduce a fórmulas ya ensayadas, ni nos deja tranquilos como receptores. Discurso lleno de paradojas, paradójico en sí mismo, moviliza las terminaciones de la sensibilidad intelectual, moral, ideológica y psicológica de sus lectores, les interpela en las quiebras de una escritura que pugna a menudo por ser más que lenguaje y rebasar la figuración de la voz, el cuerpo, la vida, o la muerte.

En la Carpeta que ahora presentamos se reúne un conjunto variado de trabajos de relevantes investigadores de ambos lados del Atlántico. Casi todos han dedicado buena parte de su tarea intelectual a responder a algunas de las provocaciones del fenómeno autobiográfico desde modelos epistemológicos y hermeneúticos diversos. De ahí la riqueza y sugerencia de las propuestas que cada uno ofrece, y que muestran, además, el nivel de sutileza alcanzado por la teoría y la crítica en la percepción y en el análisis del hecho autobiográfico. El orden de los artículos obedece meramente a una distribución de lo general a lo particular. Concluimos con una bibliografía selecta sobre la materia que pueda orientar a un público no especialista.

En el primer artículo, Sylvia Molloy viene a confirmar que la discusión sobre lo autobiográfico se halla en el centro de las disputas teóricas de “lo literario” porque acribilla de dudas todo el espectro. Reflexionando agudamente sobre la relación entre la autobiografía y la novela a partir de casos concretos, Molloy considera que “más que textos autobiográficos hay lecturas autobiográficas”, y su artículo sigue al pie de la letra esta consigna.

El texto de Catherine Viollet pretende restablecer la calma, pues la autora sostiene que un modo de determinar los límites de la escritura autobiográfica consistiría en analizar los manuscritos de trabajo de la escritura (cuando han sido legados a la posteridad). Así se revelaría en qué medida han sido escamoteados o corregidos los elementos autobiográficos de cada escritor. La crítica genética que esta perspectiva conlleva echaría luz sobre la espinosa cuestión de la referencialidad.

Esteban Molina revisa las transformaciones modernas de la creencia, acuñada en Grecia y reinterpretada en la tradición cristiana, de que la identidad está ligada al conocimiento del yo interior. Desde Montaigne ese conocerse se libera de cualquier autoridad externa y se vincula a una búsqueda interior de la que resulta la conciencia del carácter esencialmente indeterminado, temporal y cambiante de la identidad.

Anna Caballé realiza una minuciosa y penetrante indagación en un texto autobiográfico apenas atendido por la crítica, Una vuelta por el Rialto (1994), de Marcos Ordóñez. Escritas a la edad simbólica de los 33 años, en un momento de incertidumbre ante su futuro, estas memorias literarias ofrecen un ejercicio implacable de introspección vertido en un relato exigente en el que las voces narrativas, los ecos hipertextuales y las figuras de identidad revelan las raíces de sus frustraciones y anulan cualquier imagen de sujeto unitario o de evolución equilibrada y previsible.

Celia Fernández Prieto se fija en el peso de la muerte como pulsión de escritura y clave estructural y temática de ciertos discursos autobiográficos, elemento relacionado además con la figuración topológica de la vida y el afán testimonial. Desde esta perspectiva se analiza la obra memorialística de Juan Goytisolo y de Carlos Castilla del Pino, que en este contexto se iluminan mutuamente.

José Amícola aborda con perspicacia la lectura de la Autobiografía de Alice B. Toklas de Gertrude Stein, un texto vanguardista, forjado en el ambiente de renovación artística del París de los años 30, que desafía las reglas del decoro sexual y moral del género no sólo por otorgar el protagonismo a una pareja lesbiana sino, además, por su estrategia de confundir la autoría mediante el uso de una voz de ventrílocuo.

El artículo de José Javier Maristany insiste en el proceso de autofiguración por el que pasa la autobiografía, especialmente la de una escritora, Norah Lange, ubicada en el centro de los cambios artísticos de los años 20. En este sentido, Maristany pone en evidencia que Norah Lange, bajo la apariencia de pedir permiso para relatar la época más decorosa de su vida escribiendo sus Cuadernos de infancia y en una formidable torsión frente al género monopolizado por los varones, ha ofrecido una resistencia ante las presiones de su círculo hacia la posibilidad de “contarse”, mientras, al mismo tiempo, ha enturbiado las raíces referenciales de sus historias gracias al juego lingüístico que el salvoconducto vanguardista le concedía.

Nora Catelli desbroza las tres secciones de la edición póstuma (1991) del Retrato del artista en 1956 de Gil de Biedma para descubrir las imágenes del yo de las que se sirve su autor para fabricar una prosa de la interioridad. Se fija especialmente en el “informe colonial” y en el diario de Filipinas, que interpreta en la línea de las “pastorelas” protagonizadas por ciertos intelectuales homosexuales de entreguerras.

Mariana Genoud de Fourcade argumenta que el diario, por su libertad y su capacidad para expresarlo todo, sin límites y sin exigencias, parece ser la forma ideal de la literatura para Francisco Umbral, forma con la que puede además superar o compensar su “imposibilidad autobiográfica”.

Para terminar ofrecemos la traducción de un artículo de Pierre Bourdieu, “La ilusión biográfica”, publicado originariamente en francés en 1994. En este texto Bourdieu se ocupa de esclarecer cómo las historias de vida (concepto que abarca una serie muy amplia de manifestaciones discursivas, desde entrevistas radiales a una autobiografía clásica) implican la cuestión básica del narrar eventos ordenados en el tiempo. Lo extraño resulta que las historias de vida así organizadas hayan proliferado justamente en el momento en que la novela moderna ha abandonado las pretensiones de linealidad, totalidad y teleología, como si las autobiografías vinieran a hacerse cargo de una misión que habría quedado vacante. Bourdieu, sin embargo, no se ocupa de estética, sino de sociología y, en este sentido, le interesa ahondar en otra dirección, a saber, echar luz sobre una metodología sociológica y criticar una manera generalizada de considerar las historias de vida sin ocuparse del campo social en el que esa vida transcurre (y lucha).

José Amícola y Celia Fernández Prieto

 

A PROPÓSITO


PHILIPPE LEJEUNE: LA PASIÓN DE EXPLORAR LA AUTOBIOGRAFÍA

Hay géneros literarios que están en deuda con sus estudiosos. Es el caso de la autobiografía con Philippe Lejeune. Seguramente nadie ha dedicado tanto tiempo, tanta energía y tanto entusiasmo a la lectura y al estudio de la escritura autobiográfica, primero en sus manifestaciones literarias más notables (Rousseau, Sartre, Gide, Leiris...), luego como práctica habitual de gente corriente que necesita escribir su vida, buscar su posible verdad, dejar una huella. De ahí la fundación en 1992 de la Association pour l’autobiographie (APA) en el pueblo de Ambérieu-en-Bugey. Racionalista, analítico, innovador y apasionado, Lejeune tiene muy poco de académico al uso. Su estilo argumentativo es ágil, directo, y brillante. No rehúye la confesión personal, revisa de manera autocrítica sus posiciones iniciales, declara sus dudas epistemológicas, pero ello no le arredra a la hora de proponer definiciones ni de tomar partido en defensa de la autobiografía como discurso comprometido con la búsqueda y la creación de una verdad sobre uno mismo. Se le ha acusado de rigidez normativa, simplificando a veces hasta la caricatura la riqueza de sus teorías. Afín a las aportaciones de Benveniste, Jakobson o Gérard Genette, sensible a las ideas de Foucault, Bourdieu y Paul Ricoeur, y declaradamente ajeno a los presupuestos críticos de Paul de Man o de Jacques Derrida, la obra de Lejeune sigue siendo una referencia insoslayable para quienes nos adentramos en el territorio siempre extraño y aún indómito de la escritura del yo.

 

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