Promociones


CARPETA Nº 76:

PSICOLOGÍA CRÍTICA: ENTRE EL MALESTAR ÍNTIMO Y LA MISERIA SOCIAL

El origen de este número de Archipiélago se encuentra en la entrevista que Fernando Álvarez-Uría y Julia Varela hicieron a Guillermo Rendueles y que abre precisamente nuestra Carpeta. Ante la cantidad de cuestiones candentes que se planteaban allí, nos pareció que merecía la pena organizar un número de Archipiélago en torno a la actualidad de la psicología crítica, su mirada, su práctica, su historia. En concreto, extrajimos de las respuestas de Rendueles tres bloques de problemas que propusimos enseguida al resto de colaboradores:

  • ¿Cómo se piensan desde la psicología crítica o social los nuevos malestares contemporáneos, producto de la precarización generalizada de la vida y de la individualización salvaje?
  • ¿Qué posibilidades y límites hallamos en la gestión terapéutica del sufrimiento?
  • ¿Qué papel pueden cumplir las redes sociales como alternativa positiva de reconstrucción de la persona a la sola medicación y/o "escucha mercenaria"?

Esas tres preguntas, que dan cierta articulación al número, se abordan desde distintas miradas y experiencias: Manuel Desviat traza un pequeño “balance” de las corrientes antipsiquiátricas o de “psiquiatría democrática” de los años 70, revisando aquel legado, elucidando el impulso crítico retomable y actualizable, pero también señalando la gran transformación habida en los últimos 30 años (¿en respuesta, en parte al menos, a ese impulso crítico?); Alberto Ortiz Lobo e Iván de la Mata Ruiz rastrean las raíces de la psiquiatrización del malestar en nuestros días descubriendo en su origen la ampliación desmesurada del objeto de la salud mental que tuvo lugar en los “30 gloriosos”; Onésimo González analiza el tratamiento ambulatorio obligatorio de pacientes psiquiátricos en España como uno de los efectos de la medicalización generalizada de la vida social; Franco Berardi, Bifo, describe la transformación de las modalidades de malestar y sufrimiento contemporáneo en el contexto de la “sociedad-red”, como patologías que tienen más que ver con la expresividad que con la represión que las determinó antaño; Ian Parker plantea los desafíos que conlleva hoy una producción de conocimiento alternativo, basada en este caso en la práctica de la investigación-acción, que deconstruya la psicología y el discurso psicopatológico desde dentro; Teresa Cabruja denuncia enérgicamente la psicologización e individualización del malestar como forma de despolitización y desocialización del sufrimiento, siempre inseparablemente individual y social; Pilar Parra radiografía ese mismo proceso de psicologización del yo a partir de una encuesta realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid; y por último, Pau Pérez nos invita a escuchar la voz de los supervivientes y aprender de los testimonios de quienes han sufrido trauma y exilio sin quedar por ellos doblegados a su destino de victimización.

* Este número se ha pensado y organizado con la colaboración entusiasta e inestimable de Félix Vázquez, Alberto Fernández Liria, Eva Aginagalde, Ángel Gordo, Fernando Álvarez-Uría, Julia Varela y Guillermo Rendueles.

 

A PROPÓSITO:

Nikolas Rose
Terapia y poder: techné y ethos

El sociólogo británico Nikolas Rose no es un autor desconocido para los lectores de Archipiélago. En el número 29 de la revista apareció publicado un artículo titulado “El gobierno en las democracias liberales ‘avanzadas’: del liberalismo al neoliberalismo”, en el que analiza algunas de las tecnologías que se despliegan en el ejercicio de la gubernamentalidad.

Rose es uno de los referentes indispensables en el estudio de la historia social y política de las ciencias humanas. De hecho, debe ser considerado uno de los animadores del debate que ha impulsado el discurso crítico en ciencias sociales con aportaciones que, a día de hoy, constituyen reflexiones y análisis indispensables para enfocar con rigor cualquier discusión sobre el pensamiento social. Su obra ha dado origen a numerosos estudios que no sólo se han beneficiado de los ámbitos temáticos que Rose ha inaugurado, ha explorado o ha desarrollado en profundidad, sino que también han aprovechado la distintiva impronta de los trabajos de Nikolas Rose (deudora de la obra de Michel Foucault), definida por su particular manera de problematizar y examinar los objetos de investigación.

Los estudios y análisis sobre genealogía y construcción de la subjetividad, control social, biopolítica, implicaciones sociopolíticas y éticas de las investigaciones y prácticas en ciencias de la vida, neurología y genética, la psicologización de la vida cotidiana y los trabajos sobre gubernamentalidad, son algunas de las áreas en las que Nikolas Rose ha focalizado su atención.

Gubernamentalidad y “gobierno de sí mismo”, “cura de almas” o “nuevo régimen del yo” podrían ser los epígrafes que ayudasen a sintetizar el texto que presentamos a continuación. La premisa que sostiene el texto, que es la que sostiene buena parte de los trabajos de Nicolas Rose, es que el poder interviene en la conformación y en la actualización de la libertad individual y lo hace en base a su carácter relacional. Es decir, el poder es una acción. Es una acción sobre otra acción. O dicho de otra manera, las relaciones de poder se hacen más eficaces y actúan con mayor efectividad cuando intervienen creando la superficie y propiciando las condiciones en las cuales los individuos ejercen su libertad.

Rose toma como contexto privilegiado de análisis la sociedad neoliberal y como espacio de estudio excepcional los saberes y prácticas psi (psicología y psiquiatría). Estos saberes y prácticas han originado nuevas formas de autoridad (podríamos denominarla “autoridad terapéutica”) que, legitimadas por el poder que le otorga el discurso científico y el conocimiento positivo, se han erigido en principios que informan sobre cómo conducirnos y gobernar nuestra vida. Asimismo, estos principios se han traducido en todo un conjunto de tecnologías que no son otra cosa que estrategias prácticas de trabajo sobre nosotros/as mismos/as.

La obligación de los ciudadanos de convertirse en “sujetos responsables”, en individuos que deben “realizarse a sí mismos/as”, constituye una de las características de la gubernamentalidad en las sociedades neoliberales. En efecto, el “gobierno de sí mismo” encuentra en los saberes y prácticas psi un léxico y un marco mediante el cual articular la descripción sobre la existencia y las relaciones entre individuos. Pero encuentra, además, formas de acción y espacios de intervención que permiten instituir, vertebrar, implementar y difundir verdades acerca de las personas. En este sentido, conviene destacar las tecnologías terapéuticas como dispositivos ambivalentes que también proporcionan a los individuos una manera de aproximarse a sus malestares y que, además, intervienen sobre los mismos y los transforman.

 

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