Promociones


CARPETA Nº 79:

JEAN BAUDRILLARD: DESAFÍO A LO REAL

"La tarea fundamental del Estado actualmente es justificar su propia existencia. Para ello debe aniquilar la capacidad de la sociedad de sobrevivir por sí misma. Minar suavemente todas las regulaciones espontáneas, desregulando, desocializando, rompiendo los mecanismos tradicionales de cuerpos y anticuerpos, para sustituirlos por mecanismos artificiales: tal es la estrategia del Estado en su lucha sutil con la sociedad; exactamente como la medicina, que vive de las destrucción de las defensas naturales en favor de su sustitución artificial" (Baudrillard, Cool memories). La tarea de la crítica se ha vuelto imposible. El sistema está blindado. Incluso cualquier crítica sensata, reformista y constructiva (por ejemplo, la denuncia de un atropello o una injusticia en el marco del Estado de Derecho) sólo puede ser incorporada si le interesa apropiársela a un agente u otro del sistema de partidos para golpear con ella a sus contrincantes. El destino de la crítica es lúgubre en cualquier caso: ninguneada, instrumentalizada, criminalizada. La respuesta ante esto puede ser la normalización posibilista (con márgenes cada vez más reducidos de maniobra), el cinismo o la radicalización antisistema.

Jean Baudrillard rechazó las tres alternativas. Ni "sentido común" autosatisfecho. Ni “crítica de la crítica” cínico-depresiva. Ni marginalidad autorreferencial. Pero entonces, ¿cómo puede el pensamiento crítico morder la realidad? Ya no hay certezas al respecto, por eso el pensamiento de Baudrillard se movió incansablemente recorriendo el blindaje del sistema con el fin de encontrarle crisis, brechas, agujeros negros. Ese movimiento incansable del pensamiento a lo largo del muro invisible fue exorcizado normalmente por los guardianes del Consenso como "pseudoparadojas, exageraciones retóricas y preguntas prestadas" (Robert Hugues). En realidad, se trata de la búsqueda permanente de un pensamiento intempestivo posible-imposible que arañe el presente sin cálculo de costes y beneficios, libre de los chantajes del poder (es decir, los peajes de la instrumentalización mediática, política, académica).

Por todo ello, a quien Baudrillard le buscó con mayor frecuencia las cosquillas fue precisamente al pensamiento crítico, muy a menudo absolutamente cómodo en sus aires de superioridad moral aunque su veneno haya sido completamente neutralizado y digerido por el objeto de la crítica. Si se quiere que las ideas vuelvan a ser peligrosas, ¿cómo no sacudir las inercias académicas, dialécticas, afirmativas? ¿Dónde nos lleva hoy en día la confianza en el Sujeto, la infinita positividad de la comunicación, la distancia crítica, la ciencia, la acumulación de fuerzas, el antagonismo de clase, etc.? El blindaje del sistema ya no consiste principalmente en la represión, la violencia o la censura, sino en la indiferencia y la estupidez que suscita la infinita velocidad de la comunicación, de lo (hiper)real. El objetivo del mismo sistema ya no es la negación de la vida, como aún era el problema del 68, sino su movilización total en flujos, redes, producción continua. Baudrillard intuyó esto ya en 1969 (véase "Lo lúdico y lo policial") y ése fue el objeto mismo de su polémica con Foucault y Deleuze.

Paradoja, catástrofe, silencio, abstención, mayorías silenciosas, ilusión, desmovilización, acontecimiento, implosión, intercambio simbólico, ironía, parodia, reversibilidad: distintas maneras de nombrar, dar valor y convocar la potencia de lo "desprogramado" contra el nihilismo capitalista, mercantil, espectacular. En el caso del "último" Baudrillard, ni siquiera se trata ya de pensamiento crítico, sino de una contraespiral paradójica a la altura del tiempo real de la comunicación, la información y la interacción continua. Estrategia patafísica o ciencia de las soluciones imaginarias. Su peculiar manera de mantenerse de pie en el ámbito del pensamiento, soberano. Cuando "la cobardía intelectual se ha convertido en la auténtica disciplina intelectual de nuestro tiempo".

Agradecemos la colaboración a todos los que han intervenido en este número de Archipiélago, también a Daniel Blanchard (antiguo compañero de Baudrillard en la aventura de la revista Utopie), François Seguret y, muy especialmente, a Marine Baudrillard.

 

A PROPÓSITO:

Recuerdo de Jean

"Tú querías ser la diagonal que atraviesa las apariencias. Jamás te vi preso de la voluntad o el deseo de convencer. Sabías retirarte a tiempo, por mucho que les pesara a los demás. No te gustaba a ti forzar el sentido o provocar acontecimientos. A menudo me pedías que te tuviera al corriente de las novedades. Tu gusto por la patafísica de Alfred Jarry no te alejaba ni de la árida ciencia ni de los objetos ordinarios.

No votabas desde los años sesenta y, sin embargo, andabas siempre en busca de un nuevo desafío. A tus ojos el bien no tenía el monopolio de la potencia. De ti admiraba la perfecta calma, que hacía de tu cuerpo un baluarte contra el consenso. No había que ser ‘baudrillardien’ para amarte. Tú, el chaval de las Ardenas, hijo de campesinos, uno de los padres del grupo Utopie, tú no hablabas jamás por los otros. Eras soberano."

Philippe Petit

 

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